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Ser Humano – ¡OYE! Magazine

Yo quiero ser humano. No quiero ser mexicano. No quiero ser blanco o moreno. No quiero ser hispano. Solo quiero ser humano. No quiero que mi vecino sea asiático o que mi compañero de trabajo sea afroamericano; quiero que sean humanos.

Estamos viviendo tiempos difíciles en cuestión de racismo. Es muy triste ver videos en línea, en los que el racismo es brutal. Una amiga me dijo que por eso ella no veía videos en línea; pero eso no es más que un “Ojos que no ven, corazón que no siente”; desafortunadamente, porque uno no vea lo que ocurre el problema no existirá o será menos grave. A mí no me gusta ver videos de peleas o accidentes y cosas que incitan al morbo; pero siento que ser testigos de lo que está pasando en el mundo es importante. Vivimos en una época en la que la inmediatez de la información hace casi imposible no estar al día; pero la ignorancia es algo de lo que todos deberíamos alejarnos.

Es posible que esa misma inmediatez de información sea la que nos haga sentir que el problema se ha agravado, aunque no lo creo; no siento que sea un problema de percepción. Lo que sí creo posible es que los múltiples foros que existen hayan hecho más fácil la difusión del odio y la represión. En 2015, la cantidad de los llamados grupos de odio aumentó un 14%, es decir, con cerca de 250 nuevas organizaciones que promueven el racismo y la xenofobia. Precisamente, ese fue el año en que Donald Trump entró en la carrera política y comenzó a hablar mal de mexicanos y musulmanes.

Cada grupo minoritario atacado por él mostró su indignación, pero probablemente pensó que con ese discurso perdería millones de votos; sin embargo, eso no impidió que ganara la nominación por el Partido Republicano y luego la presidencia de Estados Unidos. Esto demuestra que una parte importante de la población con la posibilidad de votar no ve el racismo y la xenofobia como un mal; es más, es probable que le haya incitado a pensar que, si un candidato a la presidencia se siente de esa forma, su comportamiento es aceptable y ellos también pueden manifestarlo. Esto se reflejaba en sus rallys y otros lugares públicos, en donde la gente gritaba a favor de construir un muro, idea que Trump planteó como parte de sus propuestas.

A lo largo de los años, nos hemos desensibilizado; hemos perdido muchas cosas importantes, como valores y tradiciones, incluyendo la empatía y el amor al prójimo. No sé si sea muy sensible, pero todos los días cuando pienso que alguien murió de hambre o de sed, siento una impotencia inmensa. ¿Cómo es posible que haya gente que tiene miles de millones de dólares en el banco y haya niños muriendo, porque no tuvieron acceso a agua potable? ¿En qué clase de mundo vivimos, que parece ser aceptable que se desperdicien toneladas de comida cada día mientras miles mueren de hambre? ¿Quiénes somos, en qué nos hemos convertido y, más importante aún, hacia dónde vamos?

Al abordar estos temas me pregunto ¿qué estoy haciendo para cambiar las cosas? Mi respuesta es “probablemente muy poco”. Yo no tengo los medios o la tecnología para generar un cambio radical en el mundo y, además, no lo puedo hacer solo. Yo respeto a mis vecinos y los ayudo cuando puedo. Si veo que dejaron las luces de su carro prendidas o que viene el de las infracciones en día de barrer la calle les aviso; con esto no solo les ahorro un mal rato o el dinero de la multa; aún más importante, dejo en su cabeza la idea de que alguien hizo algo por ellos; y probablemente así, ellos le cedan el paso a un peatón o le den un dólar al estudiante que toca la guitarra en una esquina para pagar la universidad. Ese peatón tal vez luego ayude a una anciana a cruzar la siguiente calle, y ese estudiante tal vez se convierta en alguien que ayude a llevar agua potable a comunidades que la necesiten. También, si veo que la bolsa de pan va a vencer en un par de días, guardo lo que voy a utilizar, hago sándwiches con el resto y salgo con mi hija a caminar y ayudar a personas que no tienen ni comida ni techo. Al hacer esto, no solo ayudé a esas personas a aliviar el dolor en sus estómagos vacíos, también sembré algo… y tal vez esa semilla que puse en la mente de mi hija sea la que cambie el mundo. Quiero que ella crezca con la mentalidad de que tenemos que ayudarnos unos a otros.

Necesitamos ser más compasivos, empáticos y solidarios. Urge un cambio en este mundo en el que algunos nos han hecho creer que no todos somos iguales. Necesitamos dejar de creer que si alguien vive en la calle es porque tomó decisiones equivocadas pues, aunque podría ser verdad en muchos casos, realmente no lo sabemos y no deberíamos hacer juicios, sin conocer su historia. Los estereotipos basados en raza, religión o incluso aspecto tienen que ser superados. No se puede ver lo diferente con odio. No se puede presumir que todas las personas de cierto color o nacionalidad son criminales o narcotraficantes y que todas las personas de cierta religión son terroristas; tampoco podemos pensar que, por unos cuantos, todos los políticos son corruptos y los policías, racistas. Ese es el problema con el discurso que hemos venido escuchando, de una parte y de otra; y me parece increíble y triste, en iguales proporciones, que tanta gente lo repita.

Tenemos un par de caminos posibles que podemos tomar. El primero es el más fácil y, probablemente, por lo mismo, el más popular… y es no hacer nada. Es más sencillo no involucrarse, no tener que ayudar, mirar hacia el otro lado y, en el peor de los casos, ser parte de los grupos de odio. El segundo camino conlleva tiempo y requiere esfuerzo; pero, si nos importa dejar un mundo mejor, hay que comenzar por demostrar a los más con nuestro ejemplo la importancia de respetar la vida, de ayudar al prójimo, de ser honestos, de no tirar basura, de no molestar a un compañero de la escuela o el trabajo por ser diferente, de ser más humanos. El primer camino es ser parte del problema; el segundo es ser parte de la solución. Cada quien es libre de tomar el camino que quiera. Yo elijo el segundo camino, porque antes de ser de cierta raza, género, religión, grupo social, etc., yo quiero ser humano.