Reflexiones (Oasis espiritual)

Evangelio del Día

Volvió Jesús a Cafarnaún y se corrió la voz de que estaba en casa. Se reunieron tantos, que no quedaba espacio ni a la puerta. Y les exponía el mensaje. Llegaron unos llevando un paralítico entre cuatro;  y, como no lograban acercárselo, por el gentío, levantaron el techo encima de donde estaba Jesús, abrieron un boquete y descolgaron la camilla en que yacía el paralítico. Viendo Jesús su fe, dice al paralítico: Hijo, tus pecados te son perdonados. Había allí sentados unos letrados que discurrían en su interior: ¿Cómo puede éste hablar así? Blasfema. ¿Quién puede perdonar pecados, sino sólo Dios? Jesús, adivinando lo que pensaban, les dice: ¿Por qué están pensando eso? ¿Qué es más fácil? ¿Decir al paralítico que se le perdonan los pecados o decirle que cargue con la camilla y comience a caminar? Pero para que sepan que el Hijo del Hombre tiene autoridad en la tierra para perdonar pecados, dice al paralítico: yo te lo mando, levántate, carga con la camilla y vete a casa. Se levantó de inmediato, cargó su Camilla y salió delante de todos. De modo que todos se asombraron y glorificaban a Dios diciendo: Nunca vimos cosa semejante.

No hay cosa más terrible que la parálisis… del corazón. En ese episodio contrasta la fe del paralítico y sus acompañantes con la obstinación y cerrazón de los letrados. Los primeros confían contra toda posibilidad. Están dispuestos a romper todas las barreras. Uno se podría imaginar subiendo a un paralítico por el techo y descolgándolo. De verdad que hay que tener una fe inmensa en el Señor Jesús. Por eso la compasión del Maestro no se deja esperar. Una vez más queda claro que la enfermedad está ligada con el pecado. Por eso sanar equivale a perdonar.

Jesús devuelve la posibilidad de movilidad al paralítico, le devuelve su dignidad de ser humano y de hijo de Dios. Los otros, los críticos, no alcanzan a entender como la voluntad de Dios es salvar, liberar, dignificar al ser humano, a todo el ser humano y a todos los seres humanos. Indudablemente que la fe es confianza, convicción y compromiso.

¿Cómo vivimos nuestra experiencia de fe en medio de las dificultades de la vida?