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Estamos llamados a ser discípulos de Jesús

El Papa Francisco nos dice que debemos ser discípulos del Señor Jesús; pero ¿cómo? Somos hombres y mujeres del mundo, con familia, estudios, trabajo y responsabilidades. No todos somos sacerdotes, hermanas o hermanos ni podemos ir a lugares remotos. No somos misioneros; o ¿sí lo somos?

En el bautismo nos dan la bienvenida a la vida y la misión primordial de la Iglesia que es compartir el Evangelio. Por el bautismo somos llamados a compartir la misión del Señor. Como cristianos estamos llamados a vivir de manera que refleje nuestra fe en Cristo y nuestro amor a él. Sabemos por los evangelios que las lecciones más grandes de Jesús fueron a través de sus acciones y la forma en que trataba a los demás. Hoy día tenemos que hacer lo mismo; estamos llamados a ser discípulos de Jesús en nuestra vida diaria.

El discipulado se trata de compartir el Evangelio, cuyo significado literal es “buenas noticias”; y nuestro mundo necesita desesperadamente buenas noticias en todas partes. Vivir como discípulos suele significar reconocer la conexión entre nuestros dones y talentos, y las necesidades más apremiantes del mundo. Estas necesidades pueden estar al otro lado del mundo o en tu misma calle. El discipulado es una manera de estar en el mundo, atenta a las necesidades de los demás en nuestra comunidad local y global, y consciente de la presencia de Dios en nuestras relaciones con los demás.

Para responder al nuevo llamado del Papa Francisco a ser discípulos, primero tenemos que abrirnos a Dios en nuestras vidas. Nos topamos con Dios mil veces al día, con solo abrir los ojos para ver su presencia en nosotros y a nuestro alrededor; pero, ¿cómo podemos experimentar a Dios mientras nos acompaña cada día? El Papa Francisco sugiere que el primer paso para buscar y encontrar a Dios es el discernimiento.

El discernimiento cristiano significa que saquemos tiempo para reflexionar sobre cómo Dios actúa en nuestra vida. San Ignacio sugiere que nos hagamos tres preguntas todos los días: ¿Dónde estaba Dios hoy, cómo respondí y hacia dónde me dirige Dios mañana? A través de este discernimiento, el discípulo puede ver las pequeñas cosas de su vida con la más amplia perspectiva —la perspectiva del Reino de Dios—.

¿Dónde está Dios? El Señor está en toda persona y en cualquier momento que aumenta en nosotros las milenarias virtudes de fe, esperanza y caridad. Dios está donde uno vive los valores trascendentales de verdad, belleza y bondad. En pocas palabras, Dios está presente en todo lo que te hace ser la mejor versión de ti mismo.

Vivimos el discipulado al tratar de lograr que todas nuestras acciones, palabras y logros sean un reflejo de la persona que Dios nos ha llamado a ser. Aunque a veces no logremos esa meta sabremos que para Jesús que somos una obra en construcción. Las misiones no son una labor de la Iglesia; la Iglesia es, en sí misma, una misión y tú estás en una misión por tu propia naturaleza. La Iglesia y tú son enviados en una nueva misión cada día.

Fuente Nuestra Parroquia