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¿Quién dicen que soy yo?

¿Quién dice la gente que soy yo? ¡Qué pregunta extraña! ¿Tendrá alguna importancia para ti? La pregunta podrá tener muchas respuestas y no serán necesariamente buenas o malas, solo opiniones. Quizá algunos piensen que eres un don nadie, un fracasado; y otros digan que eres el mejor; ¿pero tú? ¿Sabes quién eres? La respuesta a esta pregunta puede impactar tu vida y las vidas de otros.

Hace alrededor de dos mil años Jesús le hizo esta pregunta a sus discípulos: “¿Quién dice la gente que es el Hijo del hombre?” La respuesta de ellos fue: “Unos dicen que eres Juan, el Bautista; otros, que Elías; otros, que Jeremías o alguno de los profetas”. Estoy segura de que a Jesús no le interesaba escuchar lo que la gente pensaba o decía de Él. Él sabía que era el hijo amando de Dios, que había venido a la tierra para salvar a los hombres y regresaría a disfrutar de la gloria de su Padre. Lo que en realidad le interesaba saber era si su grupo de amigos más íntimos eran capaces de tener sus propias opiniones; por eso les preguntó: “Y ustedes, ¿quién dicen que soy yo?” Pedro contestó: “Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo”. Con esta respuesta Jesús se da cuenta de que sus colaboradores tienen criterios firmes y propios, y que no se dejarían llevar por lo que la gente dice.

Tú, ¿quién eres? Una persona es un ser que razona, posee conciencia sobre sí mismo y cuenta con su propia identidad. La teología dice que el ser humano está hecho a “imagen y semejanza” de Dios, con un cuerpo y un alma; de hecho, un salmo dice: “apenas casi como Dios lo hiciste”. Esta es tu identidad. Eres su hijo muy amado con tu pasado, presente y futuro. No importa si vienes del pueblito más pequeño o de la familia más humilde; si eres hijo de un empresario, un ejecutivo, un obrero o un barrendero, tú tienes todo para triunfar, porque eres hijo de Dios. Jesús tenía un propósito; y tú y yo también lo tenemos. ¿Cuál es tu propósito? ¿Ser un líder, científico, maestro, doctor, chef? Lo que estés llamado a ser, hazlo bien y con excelencia.

Muchos hispanos venimos a Estados Unidos y tristemente nos han marcado con etiquetas de cochinos, narcotraficantes y nos crean una identidad falsa que no es la nuestra. Lo peor es que la adoptamos y vamos con la corriente de lo que algunos dicen. Tenemos que valorar nuestra verdadera identidad. Es tiempo de levantar las alas para superarnos, aprender el idioma, estudiar, hacer un esfuerzo por ser mejores y cambiar nuestra historia. Recuerda que lo importante no es lo que la gente dice de ti, sino lo que tú dices de ti mismo.

Dios cree en ti, confía en ti y espera lo mejor de ti. Tu identidad y tu propósito no dependen de lo que la gente diga de ti, sino de quien tú sepas que eres. Que el saber que eres hijo de Dios, con inteligencia, razonamiento y virtudes, te de la fuerza para cumplir tus sueños y hacer la diferencia en tu vida y las vidas de otros. Que aquel hombre de Nazaret que sabía quién era, cuál era su propósito y que cumplió su misión a pesar de lo bueno o malo que la gente dijo de Él sea tu inspiración y ejemplo. ¿Quién dice la gente que soy? Eres lo que Dios y tú dicen de ti.

Fuente: Nuestra Parroquia